Maxi Vera

Ni quiero imaginar lo que hubiera sido sin el Señor…

Soy Maxi Vera, nací en la ciudad de Cnel. Oviedo – Paraguay, 140 kms. al éste de Asunción. Soy el número seis de nueve hijos, por lo que mi madre no ha tenido tiempo suficiente para darnos atención-afecto a todos ni, mucho menos, para hacer amistades debido a que tenía que criar, asear y alimentarnos a todos, además de hacer compras, lavar las ropas a diario y cocinar cuatro veces al día (el desayuno, media mañana, almuerzo y cena) como también la merienda que siempre exigíamos.
Mi padre ha sido un hombre ausente, poco afectivo y de carácter dominante, aunque fue y sigue siendo un gran ejemplo de hombre laborioso, quien sostuvo económicamente a toda la familia. La razón de su ausencia fue porque era el único que proveía todo para la casa.
En vista a que mi madre no tenía suficiente tiempo para cuidarnos, fue muy permisiva con nosotros dejándonos pasar tiempo con primos, vecinos y otros lo cual permitió que hubiera tiempo suficiente para que abusaran de mí sexualmente. Desde muy pequeño, y no puedo recordar la época, me han abusado varias personas del sexo masculino que han seguido durante toda mi infancia hasta los 12 o 13 años, eso desarrollo en mí conducta sexuales que entre los 4 o 5 años empecé con la masturbación y más tarde la pornografía, volviéndose algo compulsivo en mí.
Debido a la libertad que tenían mis hermanos mayores, por la ausencia de mi padre, adquirieron conductas sexuales promiscuas a temprana edad y eso influyó en gran manera en mí. He llegado a verlos teniendo relaciones sexuales, e inclusive, han llegado a describirme sus fechorías con las mujeres, eso me han llevado tener mayor curiosidad tal que deseaba explorar el cuerpo de las personas e hice por mis hermanos mayores tocándolos. Más adelante empecé a tener relaciones sexuales con mis primitos y a procurar tocar a las primitas.
En muchas ocasiones lo veía a mi madre llorando y como ella no tenía con quién desahogarse, lo hacía con los hijos pequeños. En múltiples ocasiones le preguntaba qué le pasaba y por mi insistencia ella respondía “tu papá es malo conmigo, me maltrató con sus palabras”, “me dijo…”, y repetía las palabras de mi padre. El corazón de un niño es lo más sensible que cualquier ser humano del planeta tierra, eso mismo lo experimenté, que le tuve tanta lastima, tanta compasión, a tal punto que llegué a odiar a mi padre deseando que no vuelva a casa. Más aún cuando, al atardecer o noche, llegaba dando órdenes o exigiendo que se le haga todo lo que pida. Así se generó una rebeldía en contra de mi padre y, a su vez, se desarrolló en mí la identificación con mi madre. Más amaba a mi madre que a mi padre, más deseaba ser como mamá que como papá.
A los nueve años, puedo decir que, me enamoré de una compañerita de la escuela, es decir, me atraían las mujeres¸ nunca los varones, pero me he dado cuenta de que cada vez que tenía tentación sexual o deseos sexuales, deseaba buscar un varón, es decir, me venía deseos de sentir penetración (porque fue la experiencia grabada en el cerebro), me parecía que era parte del tema sexual.
Crecí cerrado en mí mismo, con conceptos muy bajo de mí mismo que con los 19 años, en medio de muchos conflictos con mi familia me han animado a entregar mi vida a Dios, fue entonces se inició el proceso. Ya era adicto sexual y seguí siéndolo por muchos años siendo miembro de la iglesia.
He participado de varios retiros de sanidad interior y he logrado superar temporalmente, pero me volvía a caer nuevamente.
Sólo Dios, en su misericordia y bondad, me ha dado a entender mi realidad y a caminar en el proceso para superarlo. No he entendido todo lo que tenía en mí hasta que participé en los retiros de sanidad donde Dios me mostró que, en verdad, aquellas heridas del pasado produjeron esa identificación con la madre, como también me predisponían a la adicción sexual.
En el proceso yo debí aprender a evitar imágenes, cuyo proceso sigue en mí, porque si vuelvo a mirar escenas eróticas puedo volver a caer; aprendí a desechar canciones con contenidos románticos y sensuales porque predispone la mente para controlarme mis emociones; y también, aprendí que debo evitar acercamiento a personas con conductas seductoras.
Hoy día, sé que debo cuidar lo que voy cargando en mi mente a través de mis ojos y mi oído sabiendo que de eso depende mi crecimiento espiritual.
Reconozco que hoy en día debo seguir controlando el impulso de querer agradar a todos, al igual, debo aprender a decir “no” en lugar de decir “sí” a todos y en todo. Dios me lo ha revelado que esas reacciones han venido de mis heridas de la infancia. Pero GLORIA A DIOS que lo vil de mi vida, Él lo ha convertido en bendición para otros.
Él hace nueva todas las cosas, pero para eso sé que debo cambiar mi manera de pensar para cambiar mi manera de vivir (Rom. 12:2)

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